jueves, 22 de agosto de 2013

CEOE y "Flexibilidad Laboral"

En 1993 empecé a trabajar como becario, sin cobrar nada, en una empresa de informática, ámbito en el que había cursado mis estudios universitarios y hacia el que había decidido orientar mi carrera profesional. Durante más de un año trabajé a jornada completa, incluso atendiendo algunas llamadas urgentes en fin de semana, sin percibir sueldo alguno por ello. Este hecho lo consideré un "peaje" por acceder al mercado laboral y adquirir experiencia profesional. Obviamente, pasado exactamente un año y viendo que la idea por parte de la empresa era perpetuar esa situación ad infinitum, decidí que el peaje ya había sido suficiente. Durante ese año, además de consolidar algunos conceptos técnicos, aprendí cómo NO se deben hacer los negocios, como no se debe estafar a los proveedores y clientes, y como no se debe tratar a los empleados y colaboradores. El sueldo del que prescindí fue la mejor inversión que he hecho en mi vida dada la importancia de los conceptos que aprendí trabajando para un sinvergüenza integral.

Poco después de abandonar esa primera empresa, empecé a trabajar en otra compañía del sector que era cliente de la primera. Exactamente igual que en la anterior, en esta nueva etapa profesional terminé de afianzar un montón de conceptos técnicos y muchos más conceptos de lo que NO es una empresa. Durante otro año presté mis servicios para esta nueva compañía donde, aunque indigno, al menos ya cobraba un sueldo que no me permitía sobrevivir pero al menos me cubría los gastos de asistir al trabajo y comer todos los días.

Al cabo de ese segundo año estaba en condiciones de crear mi propia compañía, cosa que hice junto con dos compañeros de trabajo. Obviamente, al instante nos convertimos en competidores directos de las dos compañías donde había trabajado hasta entonces, compañías a las que, en poco tiempo, arrebatamos sin contemplaciones un ingente número de clientes gracias a todo lo aprendido, a la calidad de nuestros productos y nuestro trato. Hoy en día, 20 años después, los que empezaron siendo mis mejores clientes son hoy mis mejores amigos.

¿A dónde quiero llegar con esto?. La obsesión de la CEOE por flexibilizar continuamente el mercado laboral, abaratando los despidos, congelando salarios y aplicando políticas cada vez más parecidas a las de la revolución industrial tiene una doble lectura. Si lo pensamos bien, la gente más cualificada y con mayor predisposición a tomar la iniciativa no va a soportar durante mucho tiempo unas condiciones así, por lo que, llegado el momento y a nada que sean capaces de conseguir algo de financiación, van a crear pequeñas compañías que empezarán a competir y a aliarse entre ellas para arrebatar contratos a las empresas para las que originalmente trabajaron. En los casi 10 años que trabajé en el ámbito de la informática, conseguimos arrebatar casi 300 cuentas, entre medianas y grandes empresas, a unas pocas grandes compañías con las que competíamos, literalmente, desde un garaje.

Si tenemos en cuenta que, generalmente, la gente que llega a dirigir muchas compañías no son en absoluto los más brillantes sino los que menos escrúpulos tienen, es probable que las competencias mucho más sobresalientes de los que abandonan esas naves para navegar por su cuenta sean suficientes para hacer que esas nuevas compañías se conviertan en competidores mucho más eficaces y ágiles a la hora de competir por un contrato, por lo que, a largo plazo, quizá la política de retención y valoración del talento hubiera sido la estrategia más adecuada en origen.

Al calor de la nueva vuelta de rosca patronal-gubernamental en el terreno laboral, entreveo un importante crecimiento de pequeñas compañías innovadoras y competitivas, cooperando entre ellas y eclipsando en calidad, trato y adaptabilidad a las que ahora se llenan la boca pidiendo mayor "flexibilidad" y precariedad laboral.

El tiempo lo dirá...

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