Una de las características más importantes de los sistemas biológicos a cualquier nivel es el concepto de "Realimentación". Este mecanismo conecta los resultados de un proceso nuevamente con las entradas de dicho proceso, es decir, permite al organismo comprobar la eficacia (y las consecuencias) de lo que acaba de hacer y reajustarse adecuadamente. Por ejemplo, el nivel de azucar en sangre. Si su concentración sube, el organismo activa la producción de insulina, manteniéndola activa hasta que los niveles vuelven a estar dentro del rango adecuado, momento en que se detiene. Cuanto más inmediata es la conexión entre los resultados y las acciones mejor se regula el equilibrio.
¿Pero qué ocurre cuando se rompe esa realimentación? básicamente sucede que el organismo no dispone de información sobre si lo que hace es adecuado o no, porque no tiene una referencia continua sobre la que pueda tomar decisiones.
En economía y política ocurre lo mismo. Nuestra clase dirigente hace mucho tiempo, si es que alguna vez lo hizo, que dejó de sentir en sus espaldas las consecuencias de sus acciones. El sistema se ha prostituido hasta tal punto que esa conexión se ha roto por completo, dejando a los gestores "ciegos" ante lo que sus comportamientos y decisiones producen.
Es más, el sistema se ha blindado (fuerzas de seguridad, distancia emocional, física y económica), para que cualquier intento de que esa información llegue directamente a los responsables de esas decisiones sea imposible. De esa forma se explica que siempre se les vea cordiales y sonrientes, con abrazos entre ellos y apretones de manos calurosos.
Pero no hay que olvidar que, generalemente, los que consiguen llegar a las cúpulas directivas de partidos, organizaciones o grandes empresas suelen ser psicópatas depredadores porque, para llegar ahí, han tenido que "eliminar" sin contemplaciones a los competidores más "débiles"; es evolución pura y dura.
Así que tenemos una clase político-económica psicópata, acomodada, ciega y sorda, y auto-protegida de cualquier intento por eliminarla, o, cuando menos, de reconectarla con las consecuencias de sus acciones.
No hace falta comentar nada más.
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