domingo, 22 de julio de 2012

Colaboración vs. Competencia

Hace unos días tuve ocasión de disfrutar de un increíble documental de la BBC sobre el Pacífico Sur. Al margen de las espectaculares imágenes de playas paradisiacas y aguas de color turquesa intenso, lo que más me fascinó fue una historia sobre dos pequeñas islas que existenen la zona.

La primera es la isla de Anuta, una pequeña isla de origen volcánico rodeada de arrecifes coralinos. Tiene un diámetro de 750m y una superficie total de 0'4 km^2 y desde hace más de dos siglos está habitada  por cerca de 300 personas de origen polinesio divididas en dos clanes (Mua y Muri) bajo la responsabilidad de dos jefes tribales. Su pequeño tamaño la convierte en una de las zonas más densamente pobladas del mundo.

El elemento diferencial de esta isla, y lo que la convierte en especial objeto de estudio, es la peculiar forma de vida de sus habitantes. Durante siglos, sus pobladores han sido capaces de vivir en harmonía, tanto con sus escasos recursos naturales, como entre ellos, configurando una sólida y pacífica sociedad cooperativa, donde todos colaboran en el bienestar común según un principio que denominan aropa. Como resultado de esa forma de vida y a pesar de la limitación de recursos, la isla sigue siendo un precioso vergel, absolutamente autosuficiente y paradisíaco, donde todos sus habitantes disfrutan de paz y bienestar.

En el otro extremo se encuentra la isla Easter o también conocida como Isla de Pascua, famosa por sus cerca de 900 monumentos megalíticos llamados moai. Esta isla tiene 163 km^2 y es considerada como la isla más remota del mundo. Habitada desde el siglo IV de nuestra era, posiblemente por pobladores de origen polinesio o sudamericano preincaicos, la isla estaba dividida en clanes que habitaban zonas diferentes, cada una con su propio terreno cultivable y zona costera.

A diferencia de la isla de Anuta, esta isla ya estaba completamente arrasada cuando llegaron a ella los primeros europeos a principios del siglo 18. Hay constancia de que la isla estuvo cubierta de bosques y densa vegetación durante cientos de miles de años antes de ser habitada. Al parecer, y este es el elemento diferencial que la hace interesante, durante siglos los distintos clanes se embarcaron en una febril competición por erigir los megalitos más grandes. Para moverlos hubieron de talar cada vez más árboles y consumir un mayor número de recursos. Así, fue la competición salvaje y descontrolada entre los distintos clanes lo que propició la desertificación de la isla.  Además, y ante la creciente falta de alimentos, arrasaron y extinguieron también la fauna autóctona de aves, conviertiendo la isla en el terrible y silencioso erial que encontraron los europeos a su llegada. Obviamente los habitantes originales de la isla de Pascua se extinguieron por completo y sólo quedaron sus megalitos.

Es una increíble lección a escala que no aprenderemos hasta que sea demasiado tarde...